Croacia, ese país de algo más de 3,8 millones de habitantes asomado al mar Adriático y con un interior salpicado de bosques y tierras cultivables, se ha labrado en poco más de una década un puesto relevante dentro de la Unión Europea. Incorporada oficialmente como Estado miembro el 1 de julio de 2013, esta joven nación comunitaria adoptó el euro en enero de 2023 y apenas doce meses después, en enero de 2024, ingresó en el espacio Schengen, completando así una integración modélica que muchos otros países de la región aún anhelan.
En términos de peso económico, Croacia representa aproximadamente el 0,5% del PIB total de la Unión, con un PIB per cápita de 29.000 euros —por debajo de la media europea de 38.100 euros—, lo que la sitúa como una economía que, pese a las dificultades heredadas de su pasado yugoslavo, crece a ritmos envidiables: un 3,9% en 2024 y previsiones del 3% para 2025, muy por encima de la media de la eurozona. No es casualidad. La combinación de fondos europeos, la pertenencia al euro y la apertura de fronteras Schengen han transformado al país en un imán para inversores, logrando además que su déficit público y su deuda desciendan paulatinamente, todo ello mientras su mercado laboral muestra una tasa de paro que ha bajado hasta el 5% de la población activa, muy inferior a la de sus vecinos balcánicos.
Hablar de la economía croata es hablar, en primer lugar, del turismo, pero no solo de él. El sector servicios aporta cerca de dos tercios del PIB, y dentro de él el turismo representa aproximadamente una quinta parte de toda la actividad económica nacional, con unos ingresos que en 2025 superaron todos los registros históricos: la llegada de 17,6 millones de turistas extranjeros —casi cinco veces su propia población— y unas previsiones de crecimiento del 3,6% en los ingresos por turismo extranjero durante 2025 consolidan al país como uno de los grandes destinos del Mediterráneo central–.
Pero no conviene engañarse: detrás del cliché playero se esconde una base industrial sólida y diversificada. Las manufacturas y las materias primas conforman la espina dorsal exportadora del país, que en 2025 alcanzó un total de 28.240 millones de dólares.
A la cabeza de las exportaciones croatas se sitúan los combustibles minerales y aceites minerales, con un valor de 3.410 millones de dólares anuales, seguidos de cerca por los equipos eléctricos y electrónicos, la maquinaria y los reactores nucleares , la madera y sus manufacturas y los productos farmacéuticos .
También destacan sectores como la automoción (1.170 millones en vehículos diversos), la fabricación naval (454 millones en barcos) y una pujante industria agroalimentaria que coloca aceites esenciales, perfumes y preparados alimenticios diversos entre sus principales partidas.
En cuanto a su comercio con España, la relación se ha intensificado de forma notable en los últimos años. El intercambio comercial bilateral entre ambos países ha pasado de 534 millones de euros en 2021 a 954 millones en 2024, y las perspectivas apuntan a que se superará con creces la barrera de los mil millones en 2025 y 2026-.
España mantiene un saldo claramente favorable, exportando a Croacia por valor de 954 millones de euros en 2024 frente a 363 millones de euros que importó del país adriático en el mismo ejercicio-.
El vehículo español, pese a la contracción general del sector automovilístico en 2025, sigue siendo uno de los grandes protagonistas de esta balanza, aunque las exportaciones totales de automóviles desde España cayeron un 8,2% en 2025, un dato que no debe inducir a error: el 93% de los vehículos fabricados en España se dirigen a Europa, y Croacia es un cliente consolidado entre esos países de absorción creciente-. A estos flujos hay que añadir el intenso tránsito de transportistas por carretera que circulan en ambos sentidos a lo largo de la red transeuropea.
Los camiones españoles, cargados de componentes de automoción, maquinaria y productos agroalimentarios, recorren la ruta mediterránea hasta llegar a Eslovenia y de allí a los puertos croatas de Rijeka, Split o Ploče, mientras que los transportistas croatas introducen en España sus manufacturas de madera, farmacia o textil a través de los grandes ejes de conexión.
Es precisamente aquí donde la infraestructura europea y la política de transporte de la Unión juegan un papel decisivo. Y es que el sector del transporte por carretera y el transporte multimodal tiene en Croacia un ejemplo paradigmático de cómo una nación puede pasar de estar marginalmente conectada a convertirse en un auténtico nodo logístico en apenas unos pocos años.
La apuesta por la Red Transeuropea de Transporte (TEN-T) ha colocado a Croacia como uno de los grandes beneficiarios de la revisión de los corredores transeuropeos aprobada por el Parlamento Europeo y el Consejo a finales de 2024. Hasta hace muy poco, el país solo estaba integrado en el Corredor Mediterráneo —que conecta la península ibérica con Hungría a lo largo de unos 3.000 kilómetros— y en el Corredor Rin-Danubio-. Pero tras el acuerdo alcanzado entre el Parlamento y el Consejo, Croacia ha sido posicionada en dos corredores adicionales de primer orden: el Corredor Báltico-Adriático y el Corredor de los Balcanes Occidentales-Mediterráneo Oriental, lo que supone que los puertos de Split y Ploče se incorporan ahora a la red básica de núcleos portuarios.
El primer ministro croata, Andrej Plenković, no dudó en calificar el acuerdo como un éxito histórico y cuantificó el salto cualitativo del país: 450 kilómetros adicionales de líneas ferroviarias, 430 kilómetros de carreteras, ocho puertos nuevos y cinco nuevos nodos urbanos integrados en la red TEN-T, lo que convierte a Croacia en el país con los cambios proporcionales más grandes de toda la Unión Europea en esta materia.
La antigua comisaria europea de Transportes, Adina Vălean, calificó el acuerdo como un «hito histórico para la UE», mientras que el actual comisario de Transporte Sostenible y Turismo, Apostolos Tzitzikostas, ha alertado de que los 12.000 kilómetros de alta velocidad europea siguen concentrados en solo cuatro estados miembros —España, Francia, Italia y Alemania— y que el centro y el este del continente «siguen estando lamentablemente mal conectados», por lo que la inversión en Croacia es tanto una oportunidad como una necesidad estratégica.
La Comisión prevé que el simple trayecto entre Zagreb y Budapest pase de seis horas a cuatro horas y quince minutos con la mejora de la red ferroviaria, algo que tendrá un impacto directo en la competitividad logística de toda la región.
Para el transporte por carretera que conecta España y Croacia, el Corredor Mediterráneo —que atraviesa seis países (España, Francia, Italia, Eslovenia, Croacia y Hungría) a lo largo de 3.500 kilómetros— es la columna vertebral de este eje comercial-. Mathieu Grosch, coordinador europeo del Corredor Mediterráneo desde septiembre de 2024, ha sido tajante al afirmar que «la crisis climática ya no es una amenaza lejana; es un desafío presente y creciente para la infraestructura de transporte europea» y que «solo a través del conocimiento compartido, la planificación coordinada y la colaboración transnacional podemos garantizar que la red TEN-T siga siendo segura, conectada y resiliente»-.
España, por su parte, está invirtiendo 2.400 millones de euros solo en los años 2024 y 2025 en su tramo del corredor, con una media de 1.200 millones anuales en el desarrollo de la red ferroviaria mediterránea-. El nuevo Puerto de Rijeka, inaugurado el 29 de octubre de 2025, se está posicionando como un centro neurálgico para el tráfico de mercancías entre Asia y Europa, y su terminal de contenedores es ya la mayor inversión logística privada en la historia del país-.
A modo de síntesis para el profesional del transporte que necesite cifras clave, el intercambio comercial entre España y Croacia en 2024 alcanzó los 954 millones de euros en exportaciones españolas (un crecimiento espectacular desde los 534 millones de 2021) y 363 millones en importaciones desde Croacia, con una balanza favorable a España de 591 millones de euros-.
Los productos más intercambiados son, por parte croata, combustibles minerales equipos electrónicos, madera y productos farmacéuticos , mientras que España envía a Croacia fundamentalmente automóviles, componentes de automoción, maquinaria industrial, productos agroalimentarios y bienes de equipo.
La red de corredores —cuatro en total, con especial relevancia para el transporte terrestre de mercancías— y la inversión de la UE a través del Mecanismo «Conectar Europa» , que en 2024 asignó 7.000 millones de euros para 134 proyectos de transporte, incluyendo la modernización de una veintena de puertos entre los que se encuentran varios croatas y españoles, deberían animar a los transportistas a considerar esta ruta como una auténtica autopista logística de oportunidades-.
Tal vez algún día, cuando los plazos y las obras lo permitan, el trayecto por carretera desde el sur de España hasta Zagreb se pueda hacer con el mismo flujo y la misma fluidez con la que hoy el turismo croata inunda las playas del Adriático y con la que los frutos del campo español llegan a las frías tierras del Danubio.
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