El pulso de la pyme y la letra pequeña de los seguros: lo que ya sabes pero nadie te había contado así

by Marisela Presa

Pues va, te cuento sin rodeos y con el café ya frío, porque el 20 Congreso de Gijón ya cerró sus puertas, pero dejó sobre la mesa dos asuntos que a cualquier transportista le vienen que ni pintados.

Hablamos de las pymes y de los seguros, dos patas sobre las que baila el día a día de casi todos ustedes. Y ojo, que lo que se dijo allí no son florituras, sino realidades que duelen y oportunidades que a veces pasan desapercibidas.

Lo primero que saltó en la sala fue un aldabonazo: la presidenta de Cepyme soltó sin anestesia que la pyme española es «la gran olvidada» y que en los últimos años han desaparecido 15.000. Como para no escuchar. Y puso el dedo en la llaga de lo que ustedes sufren cada semana: burocracia hasta en el desayuno, absentismo que desmonta equipos y una presión fiscal que no invita precisamente a echar cuentas alegres. Eso sí, tuvo un guiño certero al transporte, al que definió como el sistema sanguíneo de la economía española. Sin camiones, todo se para. Y ahí andan ustedes, haciendo el trabajo silencioso de siempre.

Pero no todo son quejas. También habló de lo complicado que es competir cuando te exigen ir a velocidad de crucero de gran empresa con un motor de taller de pueblo. El control horario, el relevo generacional que no llega y esa incapacidad de la Administración para entender que una microempresa no tiene un departamento jurídico propio fueron algunos de los obstáculos que desgranó. La frase que más caló fue aquella de «no pedimos privilegios, solo que nos dejen competir sin poner barreras a cada paso». Y aunque el panorama es gris, recordó algo que ustedes conocen bien: la capacidad de resiliencia, la creatividad y la innovación del pequeño empresario español es de las cosas que aún nos mantiene a flote.

Cambiamos de tercio, porque la tarde se puso seria con los seguros. Y aquí viene una lección que puede doler pero que merece la pena escuchar: dejar de ver el seguro como ese mal necesario que pagas por obligación. El ponente de UNESPA lo dejó claro: el seguro no elimina el riesgo, pero lo hace gestionable. Y en un sector como el transporte, donde estás siempre expuesto a que algo salte por los aires, el verdadero valor de la póliza no es el papel, sino que te permite seguir rodando al día siguiente de un desastre. Porque ojo, que aunque el número de accidentes no ha subido desde 2021, lo que cuesta cada siniestro se ha ido por las nubes.

Luego llegó la mesa redonda, y ahí ya se mojaron los pies. Un transportista soltó lo que muchos piensan en voz baja: que las primas no paran de subir aunque no tengas ni un rasguño en el historial. Y desde las aseguradoras respondieron con algo que conviene no ignorar: el precio refleja el riesgo, pero si tú pones de tu parte en prevención, si compartes información real y transparente, la cosa cambia. Insistieron en que no son enemigos, que lo suyo es colaborar. Y un directivo de una flota explicó que lo que más duele de un accidente no es tanto el golpe al bolsillo, sino perder un cliente, un contrato o la confianza de años. Eso pesa más que la factura del taller.

Así que, si me apuras, la conclusión que se llevaron los que estuvieron en Gijón es sencilla: por un lado, la pyme transportista necesita que le bajen la carga burocrática y fiscal para poder respirar; por otro, el seguro debe pasar a ser una herramienta para competir mejor, no un simple gasto. Y para lograrlo, toca invertir en prevención: vehículos más seguros, geolocalización, parkings vigilados y mantenimiento a conciencia. Porque al final, como se dijo allí, reducir accidentes no es cuestión de suerte, sino de planificación y control. Y quien lo entienda, tendrá una ventaja de las buenas. El congreso terminó, pero el aviso queda en el aire. Ahora toca aplicarlo.

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