La segunda ola de calor del verano de 2026 está dejando una estela de muertes, carreteras deformadas y conductores llevados al límite en toda Europa. El sector del transporte de mercancías por carretera, columna vertebral de la economía continental, se enfrenta a su prueba más dura.
Las cifras son escalofriantes. Solo en junio, el Instituto de Salud Carlos III estimó más de 1.000 muertes relacionadas con el calor en España, más del doble que las 407 registradas en el mismo mes del 5 de julio de 2025.
Francia superó las 2.000 muertes adicionales en una sola semana, mientras que Bélgica registró un incremento de la mortalidad del 39%. En total, los datos preliminares apuntan a más de 4.000 fallecimientos en Europa occidental como consecuencia de las temperaturas récord–. Y aunque no hay cifras oficiales desagregadas por sector, los transportistas se encuentran entre los colectivos más expuestos: pasan jornadas enteras en cabinas que, con 35 grados en el exterior, pueden alcanzar los 50 grados en apenas 30 minutos y llegar a los 60 si la parada se prolonga.
Los conductores profesionales, que recorren miles de kilómetros por toda Europa, sufren una exposición prolongada a temperaturas extremas que aumenta la fatiga, la deshidratación y el malestar físico. No es una mera cuestión de incomodidad: el club neerlandés ANWB advierte que manejar con la cabina a 35 grados puede afectar a las reacciones del organismo de forma comparable a conducir con una tasa de alcohol en sangre de 0,5 por mil. Hasta un 60% de los conductores afirma que el calor del verano les deja agotados. Y el problema se agrava por el envejecimiento de la plantilla: casi dos de cada tres profesionales tienen más de 40 años, y muchos arrastran factores de riesgo cardiovascular que el calor extremo convierte en una amenaza letal.
Pero el calor no solo castiga a las personas. Las infraestructuras también se resienten. Las superficies de las carreteras comienzan a ablandarse cuando la temperatura del aire alcanza los 30 grados, ya que el asfalto puede elevarse hasta los 40-50 grados. En Alemania, varias autopistas cerca de Berlín y Hamburgo han sufrido daños por deformación del pavimento–. Los vehículos tampoco están preparados: aumentan los riesgos de reventones de neumáticos, sobrecalentamiento de motores y fallos en los sistemas de batería-. Un volante o un salpicadero de plástico pueden superar los 70 grados, suficientes para provocar quemaduras dolorosas al contacto.
Nick Long, director comercial para Reino Unido de SNAP, lo resume con claridad: «El transporte de mercancías no se detiene cuando suben las temperaturas, pero el calor extremo puede ejercer una presión significativa sobre los conductores, los vehículos y la cadena de suministro en general». Y añade: «Adoptar un enfoque proactivo respecto al bienestar de los conductores, el mantenimiento de los vehículos y la planificación de los trayectos puede ayudar a los operadores a mantenerse seguros, eficientes y resilientes durante los meses de verano».
Ante este escenario, los expertos reclaman medidas urgentes. En primer lugar, las empresas deben revisar los sistemas de refrigeración y aire acondicionado de los camiones antes del verano-. También es fundamental ajustar los horarios de trabajo para evitar las horas centrales del día, cuando el calor es más extremo-. Los conductores, por su parte, necesitan formación específica para reconocer los primeros síntomas de un golpe de calor y saber cómo actuar-. Y las administraciones públicas deben invertir en infraestructuras más resistentes al calor, porque, como advierte la Agencia Europea de Medio Ambiente, Europa es el continente que más rápido se está calentando en el mundo, con temperaturas que aumentan casi al doble de la tasa media mundial.
El calor extremo de julio de 2026 no es una anécdota, sino un aviso de lo que está por venir. Mientras los gobiernos y las empresas sigan tratando las olas de calor como excepciones y no como la nueva normalidad, los transportistas —y con ellos toda la cadena de suministro europea— seguirán pagando el precio más alto. La pregunta no es si vendrá la próxima ola de calor, sino si estaremos preparados para ella.
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