El transporte de mercancías por carretera en España encara 2026 con un crecimiento moderado pero con la rentabilidad bajo mínimos

by Marisela Presa

Leve aumento de volúmenes frente a un 2025 flojo
Los volúmenes de carga en lo que va de 2026 presentan una evolución mixta. El transporte nacional ha mostrado un comportamiento mejor que el del pasado año, impulsado por la fortaleza de la demanda interna, mientras que los flujos internacionales han tenido más dificultades para remontar. Las previsiones sitúan una expansión del mercado español en torno al 3,2 %, lo que supone un avance significativo respecto a la tímida evolución de 2025, año que cerró con una caída de actividad en el transporte por carretera-.

Este crecimiento se sustenta principalmente en sectores como el agrícola, el industrial y el químico, y refuerza a España como uno de los hubs logísticos de referencia en Europa, donde ya representa cerca del 14,5 % de la actividad total por carretera de la Unión Europea-6.

Expertos anticipan un “año bisagra” con márgenes bajo presión
Los principales organismos y asociaciones coinciden en calificar 2026 como un “año bisagra” para el sector. Ramón Valdivia, secretario general de la patronal Astic, señala que “se presenta como un año de crecimiento moderado pero exigente por la fuerte competencia y la tendencia de estrechamiento de márgenes que vemos como sostenida desde hace años”.

Las previsiones macroeconómicas respaldan este escenario, con un crecimiento del PIB español del 2,3 %, muy por encima del 1,2 % de la eurozona, lo que beneficia especialmente al transporte doméstico mientras que el internacional se resiente por la menor demanda de los socios europeos.

La tormenta perfecta: combustible disparado y riesgo de impagos
Sin embargo, el sector no atraviesa precisamente un lecho de rosas. El estallido del conflicto en Oriente Próximo a finales de febrero de 2026 ha provocado una escalada del precio del Brent, que superó los 100 dólares por barril en abril, encareciendo el gasóleo hasta un 20 % en toda la Unión Europea y disparando un 62,3 % el precio en España desde el inicio del conflicto. Este encarecimiento energético ha impactado de lleno en una estructura de costes ya de por sí tensionada, donde el combustible representa cerca del 42 % del gasto total de una ruta internacional.

A esta presión se suma una crisis de liquidez sin precedentes que está llevando a muchos transportistas a paralizar sus flotas pese a la alta demanda de carga. Como explica el consultor Ricardo Lucientes, “el transporte de mercancías por carretera en Europa ha dejado de ser una batalla logística para convertirse en una gestión de alto riesgo financiero”, con un 35 % de las empresas españolas operando con un nivel de riesgo máximo o elevado y una tasa de impagos del 5,2 % sobre la facturación.

Con márgenes netos que apenas oscilan entre el 2 % y el 4 %, un solo impago puede anular el beneficio de un mes entero de trabajo, una situación que muchos profesionales consideran insostenible.

Medidas gubernamentales y ajustes en el mercado
En respuesta a esta coyuntura, el Gobierno aprobó el Real Decreto-ley 9/2026 el pasado 14 de abril, estableciendo medidas de apoyo al sector, entre las que destaca la obligación de revisar los contratos si el combustible sube más de un 5 %-. Paralelamente, el mercado está reaccionando con una selección mucho más rigurosa de las rutas ante el riesgo de impago y con un alza de las tarifas en los contratos de transporte durante el primer trimestre-.

Un horizonte incierto entre oportunidades y desafíos
Pese a los nubarrones, el sector mantiene un tenue halo de esperanza. La Unión Europea entraría en 2026 en un contexto de recuperación económica moderada, con un avance del PIB comunitario del 1,4 % que, aunque modesto, podría ir mejorando gradualmente a lo largo del año.

La digitalización de flotas y las inversiones en sostenibilidad se perfilan como las grandes palancas de transformación para ganar eficiencia en un entorno de márgenes menguantes. Pero la gran incógnita sigue siendo si esta tormenta perfecta de costes disparados e incertidumbre geopolítica terminará por hundir a muchas pymes del sector o si, por el contrario, acelerará la necesaria consolidación y modernización del transporte por carretera en España.

En cualquier caso, los profesionales del volante y las empresas de logística tienen por delante un ejercicio apasionante, pero también la obligación de reinventarse si quieren sobrevivir a la tormenta.

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