El creciente volumen de devoluciones en el comercio electrónico se ha convertido en un dolor de cabeza logístico y financiero para España y Europa, afectando a consumidores, operadores de red y dueños de almacenes.
Este desafío, lejos de ser un simple contratiempo operativo, amenaza la rentabilidad y sostenibilidad de todo el sector.
En España, el coste de las devoluciones online alcanzó los 13.300 millones de euros en 2025, con una tasa de retorno del 23,7% en pedidos no alimentarios, una de las más altas de Europa.
Detrás de estas cifras se esconden prácticas como el bracketing, donde uno de cada cuatro consumidores compra varias tallas o colores con la intención de devolver la mayoría, una cifra que asciende al 35% entre la Generación Z.
Para los consumidores, la comodidad de probarse la ropa en casa tiene un coste ambiental oculto: cada devolución genera emisiones de CO₂ por el transporte y el embalaje, y muchas prendas terminan en vertederos al no ser rentable su reacondicionamiento.
Además, el 22% de los jóvenes españoles admite practicar el wardrobing, comprando ropa para un evento puntual y devolviéndola después, lo que evidencia un cambio de hábitos que redefine el concepto de compra responsable.
Para los operadores de red y las empresas de mensajería, la logística inversa supone un quebradero de cabeza constante.
Durante campañas como el Black Friday o las rebajas, los volúmenes de devoluciones se disparan hasta un 40% en sectores como la moda, alterando por completo su operativa habitual.
Francisco Aranda, presidente de UNO Logística, explica que este flujo inverso «genera importantes costes económicos, problemas de almacenamiento y un mayor impacto medioambiental».
Los operadores se ven obligados a externalizar cada vez más sus procesos de retorno, con el 65% de las compañías recurriendo a terceros, lo que eleva los costes y complica la trazabilidad-.
Gigantes como Amazon ya han comenzado a penalizar a los vendedores con altas tasas de devolución, una medida que anticipa un futuro donde la eficiencia en la logística inversa será clave para la supervivencia-.
Los dueños de almacenes, por su parte, enfrentan una presión creciente para adaptar sus instalaciones a la nueva realidad.
Procesar una devolución requiere aproximadamente un 20% más de espacio logístico que el envío de un producto nuevo, lo que obliga a contar con centros flexibles y bien ubicados cerca de núcleos urbanos. Este aumento de la demanda ha impulsado las rentas de la superficie logística prime un 30% a nivel mundial desde 2020.
Además, el proceso de reacondicionamiento —inspección, limpieza, planchado, reembalaje— consume recursos y tiempo, y cuando no resulta rentable, muchas devoluciones terminan siendo destruidas, lo que contradice los principios de la economía circular y expone a las empresas a sanciones regulatorias.
Frente a este escenario, el sector busca soluciones tecnológicas y sostenibles. La inteligencia artificial y el big data permiten predecir el comportamiento del consumidor y ofrecer recomendaciones de talla más precisas, reduciendo así las devoluciones.
Al mismo tiempo, grandes retailers como Inditex, H&M o El Corte Inglés han empezado a cobrar por las devoluciones a domicilio, fomentando el uso de puntos de conveniencia y tiendas físicas como alternativas más sostenibles.
El desafío, por tanto, no es solo económico, sino también cultural: educar al consumidor sobre el verdadero coste de las devoluciones y fomentar una compra más consciente. Solo así se podrá equilibrar la balanza entre la comodidad del comercio electrónico y la sostenibilidad de todo el ecosistema.
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