Grecia mira a España para salvar su logística: pacto clave en 2026

by Marisela Presa

El transporte por carretera en Grecia afronta este 2026 con una transformación normativa sin precedentes impulsada por la Unión Europea, una flota de transportistas marcada por el envejecimiento de su capital humano y la vista puesta en una alianza estratégica con España para reforzar su competitividad.

La carretera sigue siendo la gran protagonista del movimiento de mercancías en Grecia.

La flota de vehículos comerciales, que en la Unión Europea superaba los 6,2 millones de unidades a finales de 2024, se compone principalmente de vehículos industriales pesados y ligeros, adaptados para transportar todo tipo de productos, desde la omnipresente aceituna y el aceite de oliva, minerales, productos químicos y materiales de construcción, hasta el abastecimiento de las islas-.

Ante el desafío logístico que impone su orografía insular y continental, operadores españoles y griegos coinciden en que la eficiencia y la digitalización serán las claves para elevar la competitividad en este 2026.

Sin embargo, el perfil de los transportistas que mueven esta carga es un fiel reflejo de los problemas demográficos que azotan al sector a nivel europeo.

Grecia no es ajena al preocupante envejecimiento de sus conductores, con una edad media que se acerca peligrosamente a los límites legales.

Un informe de la IRU revela que, a nivel global, la escasez de profesionales supera los 3,6 millones de conductores, y en países como Alemania, casi la mitad de los camioneros supera los 55 años.

En respuesta a esta realidad y a los debates sobre seguridad vial, Grecia ya ha endurecido los controles: desde enero de 2026, la renovación de licencias para conductores seniors se realiza de forma digital, pero con exámenes médicos mucho más estrictos-, mientras que en el horizonte de la UE se plantean restricciones de movilidad para los mayores de 65 años.

Este año marca un antes y un después en lo que respecta a la normativa de tránsito y los vehículos autorizados.

La gran revolución llegará el próximo 1 de julio, cuando la UE extienda a las furgonetas de entre 2,5 y 3,5 toneladas las mismas exigencias que hasta ahora solo cumplían los camiones pesados.

Esto implica la instalación obligatoria de tacógrafos inteligentes de segunda generación (G2V2) y el cumplimiento estricto de los límites de conducción y descanso (nueve horas diarias, 56 semanales y 90 quincenales)-, una medida que, según advierten expertos, podría generar un colapso administrativo entre los pequeños operadores si no reciben la formación necesaria.

En este complejo contexto, la relación con España emerge como un pilar estratégico de primer orden para el sector. En una visita oficial a finales de abril de 2026, el ministro de Transportes español, Óscar Puente, se reunió con sus homólogos griegos en Atenas.

El resultado fue el blindaje de una «posición común» ante la UE para defender los intereses de ambas naciones como potencias portuarias del sur de Europa, especialmente frente a la competencia del norte de África-. Además, se acordó exportar el «expertise» español a Grecia, con la colaboración de empresas públicas como Ineco en la modernización de la red ferroviaria y la gestión del tráfico por carretera, abriendo una vía de negocio bilateral de gran calado.

La logística griega, por su parte, se encamina hacia una profunda renovación para absorber estos cambios, con especial atención a la intermodalidad y la sostenibilidad.

Las autoridades están invirtiendo más de MIL  millones de euros en mejorar las conexiones ferroviarias de carga en el puerto de Tesalónica-, mientras que el sector privado inyecta otros 500 millones en nuevos centros logísticos en el Ática para ganar eficiencia-.

Las principales voces autorizadas, como Raluca Marian, directiva de IRU, no dudan en calificar el giro normativo de este año como histórico y urgente, pues es la primera vez que el transporte ligero se enfrentará a un control tan férreo.

 La conclusión es clara: 2026 será un ejercicio de resistencia y adaptación para los camioneros helenos, que tendrán que demostrar que, a pesar de los años y las nuevas reglas, el pulso del comercio griego sigue latiendo con fuerza en sus motores diésel.

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