Rumania ha emprendido este año una transformación profunda en su sistema de peajes, alineándose con las directrices medioambientales europeas, así resaltan varias publicaciones digitales en español.
Si bien el país ya operaba con la viñeta electrónica Rovinieta para casi toda su red de carreteras no urbanas (autopistas, nacionales y europeas), el gran cambio ha llegado con el nuevo sistema TollRo.
Aunque su implantación completa se pospuso del 1 de enero al 1 de julio de 2026 por retrasos técnicos en el sistema informático central, la nueva normativa ya marca un antes y un después, especialmente para el transporte pesado. Este modelo, que aplica el principio de «quien contamina paga», ya está en vigor para los vehículos de más de 3,5 toneladas, mientras que para turismos y vehículos ligeros sigue vigente el sistema tradicional.
Para los conductores de vehículos pesados, el impacto financiero es más que notable.
El sistema tradicional de la Rovinieta, que costaba 1.210 euros anuales para un camión de cuatro ejes, ha sido reemplazado por un pago por kilómetro recorrido. Las nuevas tarifas de TollRo se calculan en función del peso y, de forma crucial, de la clase de emisiones Euro del vehículo.
Por ejemplo, en autopista, un camión pesado (Categoría III, >12 t) con tecnología limpia (Euro VI) paga 0,48 lei/km, mientras que uno más contaminante (Euro III) puede llegar a pagar 0,62 lei/km, que es casi un 30% más.
Para ponerlo en perspectiva, un camión Euro VI que recorra 100.000 km al año por autopista pagará unos 7.000 euros anuales, lo que supone multiplicar por seis el coste de la antigua Rovinieta anual-. Esta subida drástica se diseñó precisamente para incentivar la renovación de flotas hacia modelos menos contaminantes-.
En cuanto a la localización de los peajes, Rumanía ha optado por un modelo que combina la generalidad con excepciones puntuales.
La Rovinieta es un gravamen general que se aplica a todas las autopistas (Autostrăzi), vías rápidas (Drumuri expres) y carreteras nacionales, a excepción de los tramos que atraviesan cascos urbanos.
La red principal abarca unos 1.075 km de autopistas que conectan Bucarest con grandes ciudades como Constanta, Sibiu o Timisoara. A esto se suman peajes físicos adicionales en grandes infraestructuras, como los puentes sobre el Danubio en Fetești–Cernavodă (en la autopista A2 hacia la costa del Mar Negro) o los internacionales Giurgiu-Ruse y Calafat-Vidin, donde se paga una tasa extra por el paso. Pagar es sencillo: la viñeta se adquiere en estaciones de servicio, oficinas de correos, online o mediante apps, y se asocia a la matrícula, sin necesidad de pegatinas.
Este cambio regulatorio afecta directamente a la cuenta de resultados de los transportistas. La sustitución de una tasa fija anual por un pago por kilómetro y por emisiones favorece a quienes recorren pocos kilómetros en Rumanía o ya operan con flotas modernas (Euro VI), pero penaliza duramente a aquellos con rutas extensas o vehículos antiguos.
Por ejemplo, un camión pesado que opere principalmente fuera de Rumanía y recorra menos de 50.000 kilómetros anuales en el país saldría potencialmente beneficiado. Sin embargo, la industria se enfrenta ahora a la volatilidad de los costes y a la necesidad de planificar rutas con mayor precisión, pues el coste final dependerá de los kilómetros reales transitados.
La imprevisibilidad inicial ha sido tal que el gobierno rumano primero planeó implementar el sistema en enero y finalmente lo aplazó a julio, lo que deja un semestre de transición en el que las reglas para el sector siguen definiéndose-.
No cumplir con el pago de la Rovinieta o del nuevo peaje puede saldar muy caro. Las autoridades rumanas, a través de la CNAIR y la policía, realizan controles exhaustivos con cámaras fijas y móviles que leen las matrículas en todo el país.
Las multas son ejemplares y disuasorias, sobre todo para el transporte pesado. Mientras que para un turismo la sanción mínima equivale al doble del precio de la viñeta anual, para un camión de más de 12 toneladas la multa puede dispararse hasta los 4.000-4.500 lei (unos 800-900 euros)-. En los casos más graves, las sanciones pueden llegar a los 5.600 euros. Para evitar contratiempos con la nueva regulación, se recomienda a los conductores que adquieran siempre la Rovinieta con antelación y que consulten plataformas oficiales como e-rovinieta.ro para verificar la vigencia de su pago antes de iniciar cualquier ruta.
Cuando usted paga un peaje, ya sea con una viñeta pegada al parabrisas, un tag electrónico o en una cabina física, es fácil pensar que solo está comprando el derecho a pisar el asfalto. Pero la realidad es mucho más amplia.
En la mayoría de naciones europeas, el cobro del peaje tiene dos grandes objetivos. El primero y más evidente es financiar la construcción, conservación y operación de las propias vías : autopistas, puentes y túneles no se pagan solos. En países como Francia, Italia o España, los peajes sostienen concesiones privadas o semipúblicas que garantizan el mantenimiento vial, la limpieza invernal, la señalización y los servicios de emergencia. En naciones como Alemania, el peaje para camiones se dedica específicamente a un fondo destinado a infraestructuras de transporte, incluyendo carreteras, ferrocarriles y vías navegables.
Pero el propósito del peaje ha evolucionado más allá de la simple «cuota de uso». Hoy, muchos gobiernos lo utilizan como una herramienta de política ambiental y de gestión del tráfico. Por ejemplo, el llamado «peaje por kilómetro» que ya funciona en Alemania, Austria y República Checa, y que Rumanía acaba de adoptar, aplica tarifas más altas a los camiones más contaminantes y antiguos, siguiendo el principio de «quien contamina paga».
En ciudades como Londres o Estocolmo, los peajes urbanos de congestión no solo buscan recaudar, sino desincentivar el uso del coche en horas punta y reducir emisiones. En Suiza, el peaje anual a tanto alzado para vehículos pesados se destina en parte a desviar mercancías del camión al ferrocarril. Así que la próxima vez que pase por una caseta o compre su viñeta, recuerde: no solo está pagando por el asfalto que pisa, sino también por el aire que respira y el atasco que quizá logre evitar.
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