La distribución de última milla, principal desafío para el sector logístico en 2026

by Marisela Presa

La última milla atasca el futuro de la logística: conductores, algoritmos y paquetes que no llegan a tiempo

El déficit de 30.000 conductores profesionales agrava el reto de las entregas sostenibles en un sector que mira a la inteligencia artificial como salvavidas

Mientras las empresas logísticas pelean por reducir el impacto ambiental de sus repartos y exprimen la inteligencia artificial para optimizar rutas, un problema de fondo sigue sin resolver en los muelles de carga españoles: la escasez de conductores profesionales. Con más de 30.000 vacantes sin cubrir en 2026, según datos del sector, el permiso C se ha convertido en un obstáculo silencioso que encarece la formación, desgasta a las plantillas y amenaza con hacer naufragar cualquier promesa de eficiencia. Porque de nada sirve el algoritmo más preciso si no hay quien gire el volante en la última milla.

Precisamente ese eslabón final de la cadena —la llamada “última milla”— se perfila como el principal dolor de cabeza del sector logístico para este año, tal y como refleja el último estudio elaborado por Logisfashion entre colaboradores, clientes y profesionales. Un 58% de los encuestados sitúa este desafío por delante de la logística internacional (29%), mientras que la sostenibilidad sin perder rentabilidad preocupa a uno de cada tres.

La reducción de tiempos y la flexibilidad en los puntos de entrega completan las preocupaciones mayoritarias, con un 30% y un 23% respectivamente. Sorprendentemente, solo el 15% señala la visibilidad del estado del pedido como prioridad, lo que indica que el consumidor ya da por descontado el seguimiento digital y exige ahora inmediatez y compromiso ecológico.

Pero si hay un termómetro que mide la fragilidad del sistema, ese es el Black Friday. Casi la mitad de los profesionales consultados (46%) identifica esta campaña como la que más tensiona la operativa, muy por encima de la Navidad (29%). En esos picos de demanda, cualquier fallo en la distribución de última milla se traduce en devoluciones masivas, conductores desbordados y márgenes que se desploman. Por eso el sector ha puesto sus esperanzas en la tecnología: el 39% cree que la inteligencia artificial aplicada a la optimización de rutas y la gestión de stocks será la gran tendencia de los próximos cinco años, seguida de la robotización (30%).

Dentro de la IA, la predicción de la demanda concentra el mayor entusiasmo (42%), por delante de la gestión de inventarios (30%) y las rutas de reparto (26%).

Sin embargo, instalar algoritmos es más fácil que cambiar mentalidades. El 38% de los encuestados admite que la resistencia interna al cambio es el principal freno para automatizar los centros logísticos, mientras que el 36% señala el coste de implementación.

 Paradójicamente, la medida más valorada para garantizar la seguridad en el almacén no es una pantalla ni un brazo robótico, sino algo tan humano como la formación continua del equipo (63%). La misma formación que brilla por su ausencia en el permiso de camión, donde el carnet C —cuyo precio real oscila entre 900 y 1.600 euros sin incluir el CAP inicial de mercancías, que añade otros 800 o 1.000 euros— sigue siendo una barrera de entrada para muchos aspirantes.

Ayudas públicas como el Real Decreto 1030/2025, con subvenciones de hasta 3.000 euros, intentan aliviar el golpe, pero el plazo ya cerró y la demanda sigue insatisfecha.

En el terreno de la logística inversa —las devoluciones, ese dolor de cabeza silencioso del comercio online— el control de calidad del producto retornado preocupa al 46% de los profesionales, mientras que los tiempos de procesamiento inquietan al 34%. Y cuando se habla de omnicanalidad (la integración de tienda física y digital), el 37% señala como principal reto precisamente esa integración logística, seguida de la gestión de devoluciones (26%) y la visibilidad en tiempo real (22%).

Como resume Logisfashion en su estudio, las empresas que logren casar sostenibilidad, automatización e inteligencia artificial con una cultura organizativa dispuesta al cambio serán las que marquen el ritmo en los próximos años. Pero mientras el volante de un camión siga siendo el cuello de botella invisible de la última milla, todos los algoritmos del mundo valdrán menos que un buen conductor con el carnet en regla y ganas de sortear el tráfico.

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