Por siglos, el rugido de los motores diésel ha sido el latido de la economía europea. Si bien Alemania, Italia y España han tenido un papel protagónico innegable en la industria del automóvil, el viejo continente guarda otros templos sagrados donde se forjan los colosos de la carretera.
Más al norte, en los fríos paisajes escandinavos, y en talleres de espíritu innovador en Francia y Países Bajos, se escribieron capítulos fundamentales de la historia del transporte pesado. Esta es la historia de cómo Suecia, Francia y los Países Bajos se ganaron un lugar en el Olimpo de los fabricantes de camiones, desde los albores del motor hasta la era de la electrificación.
Suecia: La Cuna de la Seguridad y la Robustez
Si hay una nacionalidad que evoca sinónimo de solidez en la ruta, esa es la sueca. La historia comienza a finales del siglo XIX, cuando en 1891, en Malmö, un grupo de pioneros fundó una fábrica de bicicletas llamada Scania, en honor a la provincia de Skane . Al otro lado del país, en Gotemburgo, Volvo daba sus primeros pasos. Pero sería en 1911 cuando la fusión entre Scania y Vabis daría vida a Scania-Vabis, una sociedad que, tras sobrevivir a una quiebra en los años 20, tomaría la decisión estratégica de enfocarse exclusivamente en vehículos industriales .
Mientras Scania se forjaba en el sur, Volvo lanzaba en 1928 su primer camión, la Serie 1, un vehículo de 28 CV que sentaba las bases de lo que sería un imperio de resistencia .
Los suecos no tardaron en distinguirse del resto. Si los alemanes buscaban la perfección mecánica, Suecia puso el foco en el conductor y la eficiencia. En 1959, Volvo regaló al mundo su invento más preciado: el cinturón de seguridad de tres puntos, una tecnología que compartió sin patentar, salvando millones de vidas dentro y fuera de la cabina .
Por su parte, Scania revolucionó la posguerra con motores de bajo consumo y, en 1951, se adelantaba a su tiempo con el debut del motor diésel con turbo, sentando las bases del gigantismo que vendría .
La consagración llegaría en 1977, cuando el motor V8 de Scania, con su fiereza y bajas revoluciones, le valió el apodo de «El Rey del Camino» .
La innovación sueca no se detuvo. En 1969, Saab y Scania se fusionaron, creando un gigante tecnológico . Y mientras Volvo presentaba en 1983 el primer compartimiento para dormir totalmente integrado, humanizando las largas travesías, Scania perfeccionaba su sistema modular en los 80, permitiendo a los transportistas configurar sus vehículos como si fueran piezas de un mecano de precisión .
Entrado el siglo XXI, ambos se mantienen en la cúspide: Volvo bajo el ala del grupo que lleva su nombre, y Scania, tras ser objeto de deseo de MAN y Volkswagen, consolidado como un pilar del grupo alemán, pero manteniendo esa esencia sueca de durabilidad y vanguardia en seguridad .
Francia: El Genio Latino de la Innovación y los Gigantes
Cruzando el Báltico y bajando hacia el corazón de Europa, Francia construyó su propia leyenda, a menudo marcada por un espíritu audaz y, en ocasiones, titánico.
La epopeya gala tiene dos nombres fundacionales: Berliet y Renault.
En 1894, el lionés Marius Berliet fabricaba su primer motor, y para 1906 ya construía su primer camión .
Paralelamente, Louis Renault, en Billancourt, patentaba su caja de cambios y, en 1906, inventaba el precursor del autobús parisino .
Pero sería en la posguerra cuando Francia se ganara un lugar en el imaginario mundial.
En 1957, Berliet asombró al planeta con el T100, hasta hoy uno de los camiones más grandes jamás construidos, un monstruo de más de 100 toneladas de peso bruto diseñado para domar los desiertos y las grandes obras .
Este espíritu de grandeza convivía con la necesidad de reorganización industrial.
En 1955 nacía Saviem, de la fusión de Latil, Renault y Somua, creando un polo de vehículos industriales que absorbería a otras firmas como Chausson o Richard Continental . Saviem se destacó por su colaboración técnica con la alemana MAN, adoptando sus motores de inyección directa y creando sinergias tecnológicas que beneficiaron a ambas orillas del Rin .
La compleja danza de fusiones llevó a que en 1978 Berliet y Saviem se unificaran bajo el estandarte de Renault Véhicules Industriels (RVI) . Fue el momento de cosechar los frutos. Si el Berliet GLR8 de 1958 fue bautizado como el «camión del siglo» por su longevidad y polivalencia, los años 90 trajeron el mito moderno: el Renault Magnum . Lanzado en 1990, su concepto revolucionario de cabina plana y habitable, con un confort inédito, lo hizo merecedor del título «Camión del Año» en 1991, transformando la idea de lo que debía ser el hogar del conductor sobre el asfalto .
Aunque en 2001 Renault Trucks fue absorbida por el grupo Volvo, su identidad francesa pervive, hoy enfocada en la transición ecológica como pionera en el mundo del camión eléctrico con modelos como el Renault Trucks T . Y no olvidemos a Willème, el artesano de Nanterre que, desde 1919, se especializó en titanes para transporte excepcional, como el TG300, un 8×8 capaz de arrastrar 1.000 toneladas, manteniendo viva la llama del constructor audaz hasta su desaparición en los 80 .
Países Bajos: La Eficiencia Hecha Cabina
Entre estos gigantes industriales, un país pequeño logró hacerse un hueco a base de ingenio y pragmatismo: los Países Bajos.
La historia de DAF (Van Doorne’s Aanhangwagenfabriek) comienza en 1928 en Eindhoven, de la mano de los hermanos Hub y Wim van Doorne, fabricando remolques con una innovadora técnica de chasis soldado que los hacía más ligeros .
Pero el gran salto ocurrió en 1949, cuando, aprovechando la fiebre reconstructora de la posguerra, lanzaron su primer camión, el DAF A30, un vehículo de tres toneladas destinado al mercado local .
Pronto, la marca holandesa mostró su ADN: la innovación al servicio del conductor. En 1957, con la serie DO, DAF introdujo un camión apto para el transporte internacional que ya incluía una rudimentaria cama, una novedad absoluta .
Sin embargo, la revolución llegó en la década de los 60 con el mítico DAF 2600, apodado «la madre del transporte internacional». Su cabina, cuadrada y maximizada, ofrecía un espacio habitable sin precedentes, con grandes ventanales que mejoraban la visibilidad y la seguridad, entendiendo que la comodidad era la mejor aliada de la productividad .
DAF no dejó de innovar. En 1970 introdujo la cabina basculante en las series F1600 y F2200, facilitando el mantenimiento como nunca .
En 1973, el DAF 2800 elevó la apuesta con dos camas, convirtiéndose en el rey de las largas distancias, y fueron pioneros en incorporar el turbo intercooler para ganar potencia sin disparar consumos .
Los años 80 trajeron el DAF 95 y su icónica Super Space Cab, un habitáculo donde el conductor podía incluso ponerse de pie, un lujo en la época -7. Hoy, integrada en el gigante americano PACCAR, DAF sigue marcando el paso. Su Nueva Generación de camiones (XF, XG, XD) ha sabido aprovechar las normativas europeas para crear las cabinas más espaciosas y aerodinámicas del mercado, ganando múltiples premios y liderando la carga hacia un futuro sin emisiones con sus versiones eléctricas y el desarrollo de motores de hidrógeno
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