Dinamarca se ha convertido en un referente indiscutible en la transición del transporte hacia las nuevas tecnologías limpias, demostrando que un cambio profundo no solo es posible, sino que ya es una realidad en sus carreteras y ciudades–.
Con un parque automovilístico que se electrifica a un ritmo sin precedentes, el país escandinavo ofrece lecciones valiosas para los profesionales del sector del transporte, que enfrentan el desafío de modernizar sus flotas.
En 2025, los coches eléctricos de batería alcanzaron el 68,5% de las nuevas matriculaciones, una cifra que se elevó hasta el 81,6% en febrero de 2026.
Este cambio, que ya es estructural y cultural, demuestra que cuando confluyen políticas fiscales inteligentes y una infraestructura de recarga adecuada, la adopción de vehículos de cero emisiones se acelera de forma natural, pasando de ser una opción de nicho a la elección principal para los conductores.
La apuesta danesa por el transporte limpio va mucho más allá de los turismos particulares y se extiende con determinación a los segmentos profesional y de transporte público.
En 2025, el 30,9% de las furgonetas vendidas ya eran eléctricas, mientras que los camiones eléctricos duplicaron su cuota de mercado hasta alcanzar el 14,8% de las matriculaciones–.
Quizás el hito más emblemático lo ha logrado Copenhague, que ha completado la electrificación total de su red de autobuses urbanos, con un 72% de su flota funcionando ya con electricidad, incluyendo la línea 5C, la más transitada del país, que transporta 17 millones de pasajeros al año–. La alcaldesa de Copenhague, Sisse Marie Welling, calificó este logro como «un gran hito que supone una gran diferencia para el clima y el aire que respiramos cada día».
Para el transporte de mercancías por carretera, el gobierno danés ha ampliado significativamente su programa de apoyo, aumentando la dotación para camiones eléctricos de 75 a 425 millones de coronas danesas para el período 2025-2026, lo que refleja un fuerte interés del mercado por los vehículos pesados de cero emisiones–.
Además, ya se ha inaugurado la primera estación de recarga de megavatios del país, un paso crucial para atender las necesidades de carga de alta potencia de los camiones eléctricos.
En las grandes ciudades danesas, las prioridades están claramente definidas hacia la creación de espacios urbanos más habitables y con cero emisiones, y están implementando medidas concretas para lograrlo.
Copenhague ya ha decidido introducir su primera zona de cero emisiones en el barrio de Inner Vesterbro, y Aarhus tiene previsto hacer lo propio, un claro mensaje de que los vehículos con motores de combustión fósil verán restringido su acceso a los centros urbanos en un futuro próximo–.
Mads Rørvig, director general de Mobility Denmark, lo expresa sin ambages: «Nuestra evaluación es que las zonas de cero emisiones tendrán un efecto inmediato en las ventas de coches, porque los conductores querrán un vehículo que pueda ir a donde deseen, incluso dentro de dos o tres años»–. Esta combinación de políticas de «zancadilla y zanahoria» —penalizando a los vehículos contaminantes mientras se incentivan los limpios— está acelerando la renovación de las flotas y empujando al sector hacia una movilidad más sostenible.
El auge del comercio electrónico ha situado a la logística de última milla en el centro del debate, y Dinamarca está abordando este desafío con soluciones innovadoras que combinan eficiencia y sostenibilidad, ofreciendo oportunidades reales para los transportistas.
Empresas como DHL Express ya han electrificado más del 43% de sus furgonetas en el país, con el objetivo de alcanzar el 60% para 2030–, mientras que GLS opera 158 vehículos eléctricos de reparto y prueba bicicletas de carga en Copenhague y Aalborg–.
La plataforma de reparto de comida Wolt ha lanzado un fondo de 400.000 euros en Copenhague para ayudar a sus repartidores a alquilar bicicletas y ciclomotores eléctricos, reconociendo que el 80% de su huella de carbono proviene de las entregas–.
Un informe de más de 200 páginas del proyecto Green Mile, elaborado por consultorías como Cowi y EY, busca precisamente encontrar soluciones más ecológicas para la entrega de mercancías en las ciudades–. Michael Axelsen, de Two Wheel Company, resume bien el espíritu de la ciudad: «Cada ciudad quiere deshacerse de los coches, y eso es exactamente lo que está sucediendo en Copenhague»–.
El sector del transporte danés se muestra unido y optimista ante el reto de la descarbonización, aunque sus propios actores reconocen que aún quedan importantes barreras por superar, especialmente en el segmento del transporte pesado. La empresa de logística Danske Fragtmænd, con una flota de 1.800 camiones, ha comenzado a sustituir sus vehículos diésel por camiones eléctricos, motivada tanto por razones medioambientales como por la demanda explícita de sus clientes–. En una reciente conferencia sobre la transición verde del transporte pesado celebrada en el Puerto de Aarhus, Jesper Høgh Bach, director de Soluciones para Vehículos Comerciales de Norlys, lanzó un mensaje de esperanza:
«Los puertos tienen una posición central en la industria del transporte danesa, así que si podemos tener éxito en los puertos, podemos tener éxito en todas partes.
No hay nada hoy que no pueda hacerse con la electrificación del transporte pesado»–.
Sin embargo, no todos los desafíos están resueltos. Claus Linnemann, director comercial de la organización OK, advierte que, aunque el número de camiones eléctricos ha crecido un 88% en un año, estos todavía representan solo un pequeño porcentaje del total, y «las barreras son significativas», ya que a muchos transportistas les resulta difícil que la inversión sea rentable sin los incentivos políticos adecuados–.
Dinamarca demuestra que la transición es un camino que se recorre paso a paso, con la mirada puesta en un futuro donde la última milla sea limpia, eficiente y rentable para todos.
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