Un conflicto lejano que se nota en el bolsillo: por qué el precio del combustible no deja de cambiar

by Marisela Presa

Quienes viven del volante lo saben mejor que nadie: el precio del gasóleo se ha convertido en una montaña rusa. Desde que estalló el conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán el pasado 28 de febrero, el mercado energético mundial vive sacudido.

Y aunque España no compra petróleo iraní de forma directa, nadie escapa a un shock que ha puesto patas arriba la economía global.

La clave está en el estrecho de Ormuz, ese paso de apenas 38 kilómetros por el que transita cerca de una quinta parte del petróleo que consume el mundo entero.

Cuando los ataques y el bloqueo efectivo de esta vía alteraron las rutas de suministro, el precio del crudo se disparó: los expertos llegaron a calcular un incremento del 40% respecto a los valores previos a la guerra. El mercado reaccionó en cadena, y el alza del barril de Brent se trasladó casi sin filtros a los surtidores españoles-.

Ante esta situación, el Gobierno español movilizó un plan de más de 5.000 millones de euros con un doble objetivo: aliviar el golpe inmediato y preparar el futuro.

Entre las medidas más destacadas, se redujo el IVA de los carburantes del 21% al 10% y se bajó el impuesto sobre hidrocarburos hasta el mínimo permitido por la UE.

Para los profesionales del transporte, además, se estableció una ayuda directa de 20 céntimos por litro de gasóleo. En conjunto, esta rebaja fiscal supuso un ahorro de hasta 30 céntimos por litro en el surtidor

Pero la guerra no ha dado tregua. Tras un acuerdo de paz alcanzado en junio que hizo caer los precios, los ataques intermitentes de uno y otro bando han vuelto a generar inestabilidad.

Hoy, 20 de julio, el precio medio de la gasolina se sitúa en 1,597 euros el litro y el del diésel, en 1,651 euros. Ambos han subido 0,006 euros respecto al día anterior, una muestra más de esa volatilidad que mantiene en vilo al sector. Y ojo, porque antes de que empezara todo, el litro de gasolina rondaba los 1,475 euros.

Para los transportistas, el impacto es demoledor. El combustible supone alrededor de un tercio de sus costes operativos, y las asociaciones del sector ya han reclamado ayudas adicionales, como una bonificación de 25 céntimos por litro.

El encarecimiento no solo aprieta sus márgenes, sino que acaba trasladándose al precio final de los productos que llevan en sus camiones, alimentando la inflación y golpeando a toda la economía.

En definitiva, lo que ocurre a miles de kilómetros, en un estrecho del golfo Pérsico, resuena cada día en las gasolineras de España.

Mientras el conflicto no se estabilice, los altibajos en el precio del combustible seguirán siendo pan de cada día. Y quienes más lo sufren, los profesionales que mantienen el país en movimiento, esperan que las ayudas lleguen a tiempo para no tener que elegir entre echar más gasolina o seguir trabajando.

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