Lento despegue de los camiones eléctricos en Bulgaria

by Marisela Presa

Bulgaria, un país con una flota de vehículos envejecida y una de las tasas de motorización más altas de la UE, se enfrenta al enorme reto de descarbonizar su sector de transporte de mercancías.

Las nuevas legislaciones, en su mayoría derivadas de directrices comunitarias, están marcando el ritmo.

En 2025, el Parlamento búlgaro aprobó enmiendas a la Ley de Mitigación del Cambio Climático que integran el régimen de comercio de derechos de emisión (ETS2) para los sectores de transporte y edificación.

 Esto implica que, a partir de ese momento, cada litro de combustible vendido para el transporte tiene un coste asociado a los derechos de emisión de CO₂, una medida que busca incentivar la reducción de la huella de carbono de manera progresiva-.

Para lograr la transformación de la flota, el gobierno ha puesto sobre la mesa varias herramientas, aunque aún resultan insuficientes para el sector. El programa emblemático es el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia, que ha destinado 1.200 millones de levas (unos 613 millones de euros) en subsidios para la compra de vehículos eléctricos privados y comerciales-. Además, la Estrategia Marco Nacional para Combustibles Alternativos, aprobada en 2017, marca la hoja de ruta para el desarrollo de infraestructuras de recarga de vehículos eléctricos e hidrógeno-.

Una medida destacada que se está debatiendo es la introducción de una tasa de 500 levas (unos 255 euros) por cada vehículo de segunda mano importado, que podría destinarse a un fondo de bonificaciones para la compra de coches eléctricos-.

Sin embargo, los datos sobre la adopción real de vehículos híbridos y eléctricos en el transporte de carga son modestos. La infraestructura de recarga, uno de los principales cuellos de botella, avanza lentamente gracias a fondos europeos.

Recientemente, el país recibió la aprobación para dos grandes proyectos que añadirán 32 puntos de recarga para vehículos pesados y 182 para ligeros en los principales corredores de la red transeuropea de transporte (TEN-T.

 Estos proyectos, con una financiación de unos 15 millones de euros, son un primer paso para resolver las necesidades de los transportistas que ya operan con camiones eléctricos.

En paralelo, Bulgaria participa en un consorcio paneuropeo que instalará 430 puntos de recarga para camiones eléctricos pesados en 13 países-.

La voz de los transportistas privados es de cautela y presión. “El negocio sufre una presión seria por los requisitos europeos en el contexto del Pacto Verde”, declaró Gueorgui Zágorov, gerente de la empresa de transportes Turbotrucks Bulgaria. Su compañía ya cuenta con una flota de camiones con estándares Euro 6, pero para él, la verdadera solución pasa por motores eficientes y biocombustibles, no solo por la electrificación.

Por su parte, Tsvetomir Uzunov, director financiero de la transportista Discordia, alertó que “cuanto antes empecemos a construir una buena infraestructura de carga, más barato será el precio”. Su empresa ha logrado reducir sus emisiones en 50 kg al día por vehículo, pero recalca que el sector necesita vigilar todas las normativas que se avecinan.

En cuanto a las sanciones y restricciones, Bulgaria ha empezado a mover ficha con la creación de Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).

Sofía se convirtió en diciembre de 2023 en la primera ciudad de Europa del Este en implementar una, prohibiendo la entrada de vehículos con estándar Euro 1 al centro-.

La segunda fase, que comenzó en diciembre de 2024, excluyó a los vehículos Euro 2.

Otras ciudades como Plovdiv también planean establecer este tipo de áreas-. Las multas para los vehículos que no cumplan con estos estándares son una realidad en la mayoría de estas zonas, aunque la aplicación aún está en proceso de consolidación-.

En resumen, Bulgaria parece haber iniciado una transición lenta y financiada por Europa, pero choca con la realidad de una flota envejecida y una infraestructura incipiente. Los expertos consultados, como Gueorgui Zágorov, coinciden en que el camino hacia las cero emisiones llevará tiempo y requerirá un abanico de soluciones tecnológicas-.

La carrera contrarreloj para reducir las emisiones en un 55% para 2030 y alcanzar la neutralidad climática en 2050 ya ha empezado, y los transportistas búlgaros, entre la presión regulatoria y la falta de medios, intentan no quedarse atrás.

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