España se enfrenta a un fin de semana marcado por la violencia de la borrasca Ingrid, que ha activado avisos rojos por temporal marítimo en Galicia —con olas de hasta 9 metros— y ha desplomado la cota de nieve en el noroeste y la meseta norte hasta niveles inusualmente bajos, entorno a los 300-500 metros. Este episodio, típico del invierno atlántico pero con una intensidad notable, combina vientos muy fuertes y generalizados, lluvias persistentes y un frío penetrante que se acentúa por la sensación térmica. La situación alcanzó su punto más crítico el viernes, con un sábado que mantendrá la dureza, especialmente en la costa y zonas de nieve, y un domingo de lenta retirada, aunque sin una normalización inmediata.
El impacto se distribuye de manera desigual pero severa. Galicia y la cornisa cantábrica soportan el mayor embate del mar, con riesgos concretos de inundación costera y daños. Simultáneamente, el interior del noroeste, Castilla y León y áreas de montaña se preparan para nevadas que, sin ser históricas en acumulación, son significativas por la baja cota, amenazando con paralizar vías secundarias y complicar accesos. El viento, con rachas huracanadas, actúa como factor multiplicador del caos, reduciendo la visibilidad, aumentando la sensación de frío y generando incidencias como caídas de árboles o objetos.
Ante este escenario, las autoridades han adoptado medidas excepcionales para el transporte por carretera. La Dirección General de Tráfico (DGT), siguiendo los avisos de la AEMET, ha prohibido de forma preventiva la circulación de camiones de más de 7.500 kg en numerosos tramos de carreteras del noroeste y centro peninsular durante el fin de semana. La decisión busca garantizar la seguridad vial y la operatividad de los servicios de emergencia, ante el alto riesgo de que los vehículos pesados queden bloqueados por la nieve o sean arrastrados por el viento, generando obstrucciones críticas.
Sin embargo, la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM) ha respondido con duras críticas, advirtiendo que estas restricciones, sin una logística de apoyo suficiente, pueden dejar a los conductores profesionales «literalmente tirados» en la carretera, incumpliendo los tiempos de descanso y asumiendo graves riesgos. El sector reclama al Ministerio de Transportes y a la DGT una mayor previsión, el despliegue total de los medios quitanieves y una flexibilidad para levantar las prohibiciones en cuanto sea posible, subrayando que ellos son los primeros interesados en la seguridad pero también en la continuidad del servicio.
En conclusión, el fin de semana cierra un episodio meteorológico de gran intensidad que trasciende lo anecdótico para convertirse en una crisis logística y de seguridad. Mientras Ingrid se retira dejando a su paso un rastro de mar embravecido, nieve en cotas bajas y daños menores, el debate sobre la gestión de estas emergencias en el transporte de mercancías queda servido. El equilibrio entre la prudencia extrema y la operatividad de un sector vital será, sin duda, uno de los legados más palpables de este temporal.
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