El petróleo se dispara y los consumidores españoles ya empiezan a notarlo en el bolsillo: ¿cuánto más subirá la gasolina?

by Marisela Presa

La escalada bélica en Oriente Medio desata el pánico en los mercados energéticos y amenaza con una nueva crisis de precios en Europa

Lo que muchos conductores españoles ya sospechaban al llenar el depósito estos días tiene una explicación clara y un nombre: estrecho de Ormuz.

La gasolina y el gasóleo han comenzado a encarecerse en las estaciones de servicio españolas como consecuencia directa de la escalada militar en Oriente Medio, donde el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán ha hecho saltar por los aires la tranquilidad de los mercados energéticos.

Según los datos recopilados por Bloomberg, el precio del petróleo Brent, de referencia en Europa, ha subido más de un 7% en apenas 48 horas, superando los 78 dólares por barril, mientras que el gas natural se ha disparado más de un 40% ante el temor a que el conflicto interrumpa el suministro desde Catar, uno de los principales productores mundiales.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya ha lanzado una advertencia clara: en las próximas dos semanas, el precio de los carburantes podría aumentar entre ocho y diez céntimos por litro. «Aún no hemos visto el impacto real de esta crisis en los surtidores, porque las subidas del petróleo tardan entre una y dos semanas en trasladarse al bolsillo de los ciudadanos», explican fuentes de la organización a RTVE Noticias. De momento, el litro de gasolina ronda ya 1,48 euros de media y el gasóleo 1,43, pero los expertos temen que esto sea solo el principio si la situación no se resuelve rápidamente.

El estrecho de Ormuz, la arteria energética que tiene a Europa en vilo

Para entender lo que está ocurriendo hay que mirar al Golfo Pérsico, concretamente al estrecho de Ormuz, un angosto paso marítimo entre Omán e Irán por donde circula nada menos que una quinta parte del petróleo mundial.

Allí, los ataques con drones iraníes han paralizado instalaciones clave: la refinería saudí de Ras Tanura, una de las mayores del planeta, y la terminal portuaria catarí de Ras Laffan, desde donde se exporta gas natural licuado. Catar ha detenido su producción por seguridad y las navieras han congelado sus operaciones en la zona.

«El estrecho de Ormuz es un punto crítico a nivel geopolítico y geoeconómico», explica en declaraciones a ese medio Cristina Peña, analista económica internacional. «El 80% de lo que sale por ahí va hacia Asia, hacia China, Japón o la India, pero si la industria china se resiente, todas las cadenas de suministro europeas vienen detrás».

Es lo que los economistas llaman un efecto dominó: aunque el petróleo no venga directamente a España, su precio se fija en un mercado global y cualquier susto en la producción o el transporte acaba llegando a los consumidores de medio mundo.

La factura de la luz y el gas, la próxima preocupación

Pero no solo subirá la gasolina. El gas natural, del que España es un gran consumidor tanto para calefacción como para generar electricidad en las centrales de ciclo combinado, ha vivido su segunda mayor subida de la historia, solo superada por el día de la invasión rusa de Ucrania.

El contrato TTF negociado en Países Bajos, referencia en Europa, se ha disparado un 40,8% y este martes continuaba al alza, superando los 63 euros por megavatio hora, según datos de Bloomberg.

Esto tendrá consecuencias directas en los hogares españoles. Javier Martínez, portavoz de Energía de Kelisto, advierte en declaraciones a RTVE Noticias de que quien tenga tarifa regulada de luz (PVPC) podría ver su factura incrementarse hasta un 50% si el cierre del estrecho se prolonga dos semanas, pasando de 47 euros mensuales de media a 64 euros.

En el caso del gas natural, la Tarifa de Último Recurso (TUR) podría incluso duplicarse en la revisión de abril, aunque fuentes del sector apuntan a que el Gobierno podría intervenir como ya hizo en 2022 para limitar las subidas.

«No hay que alarmarse, pero sí estar atentos», matiza Raúl Suárez, consejero delegado de Nedgia (la distribuidora de gas de Naturgy), en declaraciones a Radio Nacional.

«El suministro de gas a España está muy diversificado geográficamente, pero los mercados son globales y al final las tensiones se trasladan a los precios». Suárez recuerda que venimos de niveles bajos, mucho más baratos que en la crisis de Ucrania, pero reconoce que la incertidumbre es máxima.

¿Hasta dónde puede llegar la escalada?

Los analistas financieros internacionales llevan días haciendo números y barajando escenarios. La gran pregunta es cuánto durará el conflicto y si el estrecho de Ormuz permanecerá bloqueado.

El banco de inversión Goldman Sachs calcula que el precio del gas en Europa se puede duplicar si el cierre se alarga un mes. ING va más allá con el petróleo: estima que el Brent podría fortalecerse «hacia los 100 dólares por barril y, en última instancia, los 140 en el peor de los casos».

Sin embargo, no todos los escenarios son catastróficos. Jorge León, jefe de análisis geopolítico de Rystad Energy, apunta a EL PAÍS que, a falta de señales de distensión, el rango más probable es de 85 a 90 dólares por barril. Por su parte, los expertos de Citigroup creen que el liderazgo iraní podría rectificar o que Estados Unidos optará por desescalar para no perjudicar la economía en año electoral. «Nuestra perspectiva base es que la operación dure aproximadamente una semana», señalan desde la gestora alemana DWS.

Más allá del combustible: el temor a una crisis económica generalizada

El fantasma que recorre estos días los despachos de Bruselas y las cancillerías europeas no es solo el del precio de la gasolina. Detrás de esta crisis energética asoma el riesgo de una nueva espiral inflacionista que acabe contagiando a toda la economía. Si el transporte se encarece, todo se encarece: los alimentos, los productos manufacturados, los materiales de construcción. Y si la industria china, gran consumidora de petróleo del Golfo, ve afectada su producción, las cadenas de suministro europeas, dependientes de componentes asiáticos, sufrirán nuevas tensiones.

«No es solo lo que pagamos en el surtidor, es lo que pagaremos en el supermercado dentro de unas semanas», sintetiza Peña. La economista insiste en que esta crisis evidencia una vez más la fragilidad de la dependencia energética europea. «Hay que reforzar la autonomía estratégica, pero eso no se arregla en dos días. Mientras tanto, estamos sujetos a lo que pase a miles de kilómetros».

De momento, los ciudadanos solo pueden mirar con preocupación cómo los marcadores de las gasolineras, esos que hace unos meses parecían haberse estabilizado, vuelven a subir sin que nadie sepa muy bien dónde pondrán el freno.

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