La red ferroviaria española vive días de profunda conmoción tras una serie de accidentes consecutivos que han puesto el foco en la seguridad de las vías.
El suceso más grave, y de una magnitud no vista en años, ocurrió el pasado domingo en Adamuz (Córdoba), donde el descarrilamiento de un tren Iryo de alta velocidad derivó en una colisión posterior con un Alvia, resultando en 45 fallecidos.
Casi en paralelo, otros dos incidentes añadieron tensión: en Gelida (Barcelona), un tren de cercanías descarriló por el derrumbe de un muro de contención, y en Cartagena, un convoy de ancho métrico chocó con el brazo de una grúa que había invadido la vía, afortunadamente con heridos de menor gravedad.
La investigación del accidente de Adamuz, la más compleja y urgente, avanza sin conclusiones firmes, pero ya maneja datos técnicos reveladores.
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) y el ministro Óscar Puente han centrado la atención en unas singulares marcas o «mordiscos» hallados en los bogies (ejes) del lado izquierdo del Iryo siniestrado.
Puente admitió como «una posibilidad innegable» que estos daños pudieran deberse a un defecto en la vía, señalando que trenes precedentes también presentaban marcas similares, aunque más leves. Esta línea de investigación explora si hubo una rotura en la infraestructura, sin determinar aún si fue causa o consecuencia del descarrilamiento inicial.
De manera casi unánime, las autoridades han descartado preliminarmente varias hipótesis.
Tanto el Ministerio de Transportes como Renfe han excluido el fallo humano y el exceso de velocidad, confirmando que ambos trenes circulaban entre 200 y 210 km/h, por debajo del límite de 250 km/h del tramo.
El ministro Puente ha sido contundente al afirmar que «el factor humano aquí no ha tenido ninguna incidencia» y que el impacto posterior del Alvia era inevitable. Asimismo, ha rechazado tajantemente que el siniestro esté relacionado con una falta de mantenimiento o inversión en las vías, pidiendo desvincular ese debate de lo ocurrido.
Mientras las pesquisas técnicas avanzan, otras teorías sin fundamento oficial han circulado por redes sociales. Una de ellas, que sugería un posible sabotaje con explosivos —comparando imágenes del lugar con incidentes en Polonia—, no ha sido mencionada por las autoridades como una línea de investigación. Por otro lado, se recordó una petición sindical antigua para reducir la velocidad en ese tramo, pero sus propios promotores aclararon que era una cuestión de confort, no de seguridad, y los datos confirman que los trenes no superaban el límite establecido.
A medida que la fase más urgente en el terreno concluye —con la localización de las dos últimas víctimas y la desactivación del Plan Territorial de Emergencias en Andalucía—, la investigación entra ahora en una etapa meticulosa de laboratorio.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, indicó que se están remitiendo miles de pruebas fotográficas, vídeos y datos para su análisis.
Las declaraciones oficiales insisten en la complejidad del caso y pendenpaciencia, subrayando que aún llevará tiempo determinar con certeza la concatenación de fallos que condujo a esta tragedia. La prioridad sigue siendo esclarecer el origen de aquellas enigmáticas marcas en los bogies, así lo valoran diversas publicaciones digitales oficiales aquí en España.
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