La transición energética en el sector de la logística y el transporte de mercancías por carretera está viviendo un momento de inflexión.
En Alemania y en toda Europa, las empresas están reconfigurando sus flotas con un criterio claro: la sostenibilidad ya no está reñida con la rentabilidad económica.
En este contexto, los modelos de Volvo Trucks propulsados por gas se han convertido en la opción preferida por los operadores logísticos, que apuestan específicamente por el bio-GNL.
Esta decisión responde a una triple necesidad: reducir significativamente las emisiones de CO₂, optimizar los costes operativos y garantizar una fiabilidad absoluta en la planificación de rutas de larga distancia.
La tendencia se refleja en los números: varias compañías alemanas han realizado pedidos que abarcan desde 25 hasta 50 cabezas tractoras Volvo FH en versión de gas, consolidando una tendencia que ya supera las 10.000 unidades vendidas por el fabricante en todo el mundo, según una publicación digital de la revista Diario del Transporte en España.
El bio-GNL (Gas Natural Licuado de origen renovable) es un biocombustible gaseoso obtenido a partir de la purificación y licuación del biometano. Su proceso de producción comienza con la generación de biogás mediante la digestión anaeróbica de residuos orgánicos (como purines, lodos de depuradora o residuos agroindustriales) o mediante la gasificación de biomasa lignocelulósica.
Una vez obtenido el biogás (compuesto principalmente por metano y CO₂), se somete a un proceso de upgrading o enriquecimiento que elimina las impurezas, el dióxido de carbono y el sulfuro de hidrógeno, logrando un biometano con una pureza superior al 96%. Finalmente, este biometano se enfría a temperaturas criogénicas (-162 °C) para convertirlo en líquido, reduciendo su volumen en 600 veces, lo que facilita su almacenamiento y transporte a larga distancia sin necesidad de depender de la red de gasoductos.
En cuanto a su eficiencia, el bio-GNL destaca por ser un vector energético de alta densidad y con un balance de emisiones prácticamente neutro, ya que el carbono liberado en su combustión es el mismo que fue absorbido por la materia prima durante su crecimiento, cerrando el ciclo de carbono.
Desde una perspectiva técnica, los motores de combustión que utilizan bio-GNL presentan una eficiencia energética similar a la del GNL fósil, con rendimientos térmicos que pueden superar el 40% en transporte pesado, además de reducir casi por completo las emisiones de partículas y óxidos de nitrógeno en comparación con el diésel.
Su principal desafío actual radica en la eficiencia global del proceso de producción, ya que existen pérdidas energéticas en la digestión anaeróbica, la purificación y especialmente en el proceso de licuación; no obstante, cuando se aprovechan los subproductos (como el digestato como fertilizante) y se utiliza energía renovable para la licuación, el balance energético total se vuelve altamente favorable, consolidándolo como una solución clave para la descarbonización del transporte marítimo y terrestre de larga distancia.
La solidez de esta tecnología queda patente en ejemplos como el de la empresa familiar Hilker GmbH & Co. KG, ubicada en Friesoythe, Baja Sajonia. Con una flota de 100 cabezas tractoras, de las cuales 70 funcionan con gas y dos son eléctricas, esta compañía ha realizado un firme compromiso con la movilidad sostenible.
Stefan Hilker, socio director, confirma que la conversión del 70% de su flota ha sido un hito en su camino hacia una logística climáticamente neutra, destacando que, contrariamente al mito de que el GNL es permanentemente caro, desde 2020 han logrado ser más económicos que con los vehículos diésel. “Vemos nuestro futuro en el bio-GNL”, afirma Hilker, subrayando que las ventajas de coste frente al diésel son aún más notables según el perfil de aplicación.
Uno de los pilares que sostiene esta creciente aceptación es la infraestructura y la estabilidad de los costes. En Alemania existen aproximadamente 200 estaciones de servicio de GNL, casi todas con suministro de bio-GNL, lo que garantiza la operatividad en las rutas de larga distancia. A esto se suman modelos contractuales fiables con los proveedores, que ofrecen precios fijos, soluciones de cuota o garantías ligadas a la evolución del diésel, proporcionando una certeza en la planificación financiera que resulta clave para los transportistas.
Gregor Frieb, director de Desarrollo de Negocio de Volvo Trucks Alemania, lo resume con contundencia: “Nuestros camiones a gas no son una tecnología de transición. Han llegado para quedarse, como una alternativa real que permite a nuestros clientes reducir de inmediato las emisiones de CO₂, proteger el medio ambiente y, al mismo tiempo, conducir de forma económica”.
Con más de 10.000 camiones a gas vendidos a nivel mundial y una gama en constante expansión para el transporte pesado de larga distancia, Volvo Trucks ha demostrado que es posible aunar rendimiento y sostenibilidad.
Sus vehículos ofrecen una tracción, dinámica de conducción y autonomía comparables a las de los camiones diésel modernos, con intervalos de mantenimiento más prolongados que mejoran aún más la cuenta de resultados de las empresas.
Al utilizar bio-GNL, es posible reducir las emisiones de CO₂ hasta en un 100% (desde el depósito hasta la rueda) en comparación con el diésel fósil. Esta tecnología, disponible como equipamiento estándar desde 2018, se erige como un pilar fundamental dentro de la estrategia de sistemas de propulsión de Volvo Trucks, en combinación con los camiones eléctricos de batería y de pila de combustible, ofreciendo a las empresas la oportunidad de cumplir ya hoy con sus objetivos climáticos sin esperar por las tecnologías del futuro.
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