2026: El año de la consagración definitiva de las baterías de iones de sodio

by Marisela Presa

Lo que hasta hace bien poco era una promesa de laboratorio, se ha convertido en 2026 en una realidad industrial imparable. Las baterías de iones de sodio, esa tecnología que muchos enterraron prematuramente cuando el litio conquistó el mundo, protagonizan ahora lo que los analistas denominan «el despegue de la química dual». Este año ha sido testigo de un hito histórico: el primer coche eléctrico de producción en serie con baterías de sodio ha llegado a los concesionarios chinos de la mano de Changan Automobile y CATL (Contemporary Amperex Technology Co. Limited), demostrando que la alternativa al litio no solo es viable técnicamente, sino que puede ser más barata, más segura y especialmente más resistente en condiciones extremas. La prestigiosa MIT Technology Review ha incluido esta tecnología en su lista de los diez avances revolucionarios de 2026, subrayando que «un sustituto más barato, seguro y abundante del litio finalmente está llegando a los coches y a la red eléctrica».

El liderazgo indiscutible en esta revolución corresponde a China, que se ha convertido en el epicentro mundial de la innovación y producción de baterías de sodio. Según los informes de mercado más recientes, el gigante asiático concentra más del sesenta por ciento del mercado global y acapara más del noventa y cinco por ciento de la capacidad instalada y anunciada para 2030. Las cifras hablan por sí solas: el gigante CATL lanzó en 2025 su línea de productos Naxtra y ya ha iniciado la fabricación a gran escala, mientras que su competidor directo BYD (Build Your Dreams) está construyendo una instalación de producción masiva en Xining con una capacidad de treinta gigavatios hora y desarrolla baterías que retienen hasta el ochenta y cinco por ciento de su capacidad a veinte grados bajo cero. A estos pesos pesados se suman otros actores clave como HiNa Battery, pionera en baterías cilíndricas de sodio que operan en un rango de temperatura de cuarenta grados bajo cero a ochenta grados centígrados, o BenAn Energy, especializada en sistemas acuosos para almacenamiento residencial e industrial.

El mercado global refleja este dinamismo con cifras espectaculares. Según datos de Fortune Business Insights, el sector alcanzó un valor de mil ochocientos treinta millones de dólares en 2025 y proyecta llegar a los siete mil ochenta millones en 2034, con una tasa de crecimiento anual compuesta del quince coma cuarenta y nueve por ciento. Sin embargo, no todos los análisis coinciden en las magnitudes: mientras unos prevén un crecimiento más conservador, otros como QYResearch estiman que el mercado chino por sí solo alcanzará los trescientos treinta y seis mil setecientos setenta millones de yuanes (unos cuarenta y seis mil quinientos millones de dólares) en 2033, con una tasa de crecimiento anual del treinta y tres coma ochenta y ocho por ciento. Lo que nadie discute es que la región de Asia-Pacífico domina con mano firme, alcanzando una cuota del sesenta coma veintidós por ciento en 2025, impulsada por China, India y Japón.

La acogida de esta tecnología está siendo especialmente entusiasta en el sector del almacenamiento estacionario, que representa nada menos que el setenta y ocho coma seis por ciento del mercado actual. Las baterías de sodio están encontrando su nicho natural en los sistemas de respaldo para energías renovables, donde su menor densidad energética (actualmente en torno a ciento sesenta a ciento setenta y cinco vatios-hora por kilogramo) no supone un inconveniente frente a sus ventajas en coste, seguridad y durabilidad. Pero el vehículo eléctrico también empieza a abrirse paso: el sector del transporte acapara un veintiséis coma ocho por ciento del mercado y muestra un crecimiento prometedor, especialmente en vehículos de corto y medio alcance, scooters y flotas de reparto urbano. Ciudades como Shenzhen ya están pilotando estaciones de intercambio de baterías de sodio para apoyar a commuters y repartidores, y el fabricante de scooters Yadea lanzó en 2025 cuatro modelos de dos ruedas impulsados por esta tecnología.

Frente al dominio asiático, Europa y Estados Unidos intentan recortar distancias con iniciativas propias. El viejo continente, que según IMARC llegó a representar más del cuarenta y dos por ciento del mercado en 2025, cuenta con actores relevantes como la británica Faradion (adquirida por el conglomerado indio Reliance), la francesa Tiamat especializada en celdas de alta potencia, la sueca Altris con su innovador cátodo «Prussian White», y la escocesa AMTE Power, cuya celda «Ultra Safe» fue la primera europea en obtener la certificación UN38.3 para transporte seguro. Al otro lado del Atlántico, Natron Energy se ha convertido en la primera compañía estadounidense en producir baterías de sodio a escala comercial en su planta de Holland, Michigan, con una capacidad anual de seiscientos megavatios, enfocada especialmente en alimentar los centros de datos que soportan el auge de la inteligencia artificial.

En definitiva, 2026 pasará a la historia como el año en que las baterías de iones de sodio abandonaron definitivamente el territorio de la promesa futurista para convertirse en un actor industrial de pleno derecho. La advertencia de la Agencia Internacional de la Energía, que aún las considera «una tecnología muy verde para competir de tú a tú con el litio», no empaña el hecho de que han encontrado su propio espacio en el ecosistema energético global. Con el litio sometido a tensiones geopolíticas y de suministro, el sodio emerge como ese complemento estratégico que completa el tablero: más barato, más seguro, más resistente al frío y, sobre todo, disponible para todos en cada vaso de agua de mar. El futuro del almacenamiento energético, parece, será cosa de dos.

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