La seguridad en las carreteras y autovías españolas depende en gran medida de una correcta señalización, y en el caso de los vehículos de gran porte, como los camiones de transporte de carga, el sistema de alumbrado adquiere una relevancia si cabe aún más crítica.
Lejos de ser un mero trámite normativo, cada luz en un tráiler cumple una función específica para prevenir siniestros, especialmente en condiciones de baja visibilidad o durante la noche.
La Dirección General de Tráfico (DGT) incide en que “cada momento tiene su luz propia”, un principio que los conductores profesionales deben aplicar rigurosamente para garantizar no solo su seguridad, sino la de todos los usuarios de la vía .
Un camión de transporte de mercancías por carretera está equipado con un completo sistema de iluminación que va más allá de las luces de un turismo. Además de las obligatorias luces de cruce (corto alcance) y de carretera (largo alcance), estos vehículos incorporan las luces de gálibo, un distintivo esencial. Situadas en la parte superior del vehículo, son luces de posición que marcan el ancho total del camión (superior a 2,10 metros), una información visual crucial para que el resto de conductores puedan dimensionar correctamente el vehículo y mantener distancias seguras, especialmente en adelantamientos o en condiciones de niebla .
El empleo de las luces principales debe ser meticuloso para no deslumbrar y para optimizar la visión de la calzada.
Las luces de cruce son las primeras en activarse en túneles, al atardecer o con lluvia intensa, proyectando un haz ancho y asimétrico que ilumina el borde derecho de la carretera sin cegar a los vehículos que circulan en sentido contrario .
Por su parte, las luces de carretera o largas son una herramienta fundamental en autovías y carreteras convencionales mal iluminadas, siempre que se circule a más de 40 km/h. Sin embargo, la normativa es tajante: deben apagarse y sustituirse por las de cruce cuando nos aproximemos a otro vehículo (ya sea de frente o por alcance) para evitar un deslumbramiento peligroso, una infracción grave que puede conllevar multas de hasta 200 euros .
Para condiciones meteorológicas adversas específicas, como niebla densa o lluvia torrencial, los camiones hacen uso de las luces antiniebla. Las delanteras, de haz ancho y bajo, mejoran la iluminación del asfalto, pero su uso no es obligatorio. En cambio, la antiniebla trasera, de gran potencia, es obligatoria en estas situaciones, aunque el conductor debe ser cauto y apagarla en cuanto las condiciones mejoren, ya que su intensidad puede deslumbrar gravemente a los vehículos que circulan detrás, un riesgo muy común en carretera .
Más allá de la circulación, los camiones disponen de sistemas lumínicos para emergencias y maniobras. Las luces de emergencia o ‘warning’ son esenciales para señalizar un frenazo de emergencia ante un atasco, una avería o un obstáculo en la calzada, alertando al tráfico que se aproxima por detrás . Adicionalmente, el sector del transporte vive una revolución con la llegada de la luz de emergencia V16 conectada. Desde el 1 de enero de 2026, obligatoria en todos los vehículos, incluidos los de mercancías, para sustituir a los triángulos.
Esta baliza, que se coloca en el techo del camión sin necesidad de bajar del mismo, emite una luz amarilla visible 360 grados y a más de un kilómetro, enviando además la ubicación exacta a la plataforma DGT 3.0 para alertar al resto de conductores .
En conclusión, circular con un vehículo de gran porte por las autovías españolas exige un dominio completo de su lenguaje luminoso. Desde las luces de gálibo que definen su silueta, pasando por el cambio correcto entre luces de cruce y carretera para no deslumbrar, hasta el uso preciso de las antiniebla y la obligatoria baliza V16 conectada.
Cada una de estas luces, empleada en el momento adecuado, construye un entorno vial más seguro y predecible, reduciendo drásticamente los riesgos en la carretera .
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