La Paradoja del Camionero: Salario Alto en un Oficio en Crisis

by Marisela Presa

Europa vive una paradoja sobre ruedas. Mientras la sociedad depende absolutamente del transporte por carretera, la profesión de camionero afronta una crisis profunda de reclutamiento y relevo generacional. En España, esta contradicción se acentúa: aunque el salario de los conductores internacionales, con una media de 37.000 euros brutos anuales, supera al de muchos trabajadores nacionales, sigue estando muy por debajo de la media europea, situada en torno a los 45.000 euros. Esta brecha salarial con el norte de Europa, unida a las durísimas condiciones de vida en la carretera, explica en parte por qué el 72% de los profesionales supera los 50 años, según la CETM.

Las cifras revelan un sector bajo presión. El déficit de conductores en España ya supera los 30.000, y la demanda ha crecido un 15% en cinco años frente a un tímido 5% de aumento en la oferta, según la IRU. Aunque el reciente Real Decreto 402/2025, que facilita la jubilación anticipada, pueda aliviar a una plantilla envejecida, amenaza con agravar el desabastecimiento de profesionales. Las empresas se ven forzadas a mejorar condiciones y sueldos para atraer talento, pero compiten contra la imagen de un trabajo sacrificado, con largas ausencias del hogar y una gran responsabilidad.

Los entendidos subrayan que el problema va más allá del salario bruto. Juan Sánchez, analista de la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM), lo explica: «Un conductor autónomo puede tener un ingreso mayor que un asalariado, pero asume todos los costes del vehículo, el combustible, los peajes y la imprevisibilidad de la carga. La soledad, la presión por los plazos y el estrés en carreteras complicadas son factores que no se monetizan». El salario, por tanto, no compensa integralmente el desgaste físico y mental.

La entrada a la profesión tampoco es sencilla ni barata. Obtener el carnet C+E y el Certificado de Aptitud Profesional (CAP) requiere una inversión importante en tiempo y dinero, a lo que hay que sumar licencias comunitarias, la carta de porte CMR, el tacógrafo digital y revisiones médicas. Es una carrera de obstáculos burocráticos y financieros para acceder a un oficio donde la conciliación familiar es, hoy por hoy, una quimera.

En definitiva, el sector transita por una carretera llena de baches. La mejora salarial, aunque necesaria y bienvenida, es solo una parte de la solución. Para asegurar el flujo de mercancías que sostiene la economía, es urgente una transformación más profunda que dignifique la profesión, modernice la logística para reducir tiempos de inactividad y ofrezca una calidad de vida que atraiga a las nuevas generaciones. El futuro del transporte no solo se juega en el salario, sino en hacer de la cabina un lugar más humano y sostenible.

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