Neumáticos y altas temperaturas: un desafío extremo para los transportistas en la Europa que arde

by Marisela Presa

El verano de 2026 está siendo implacable. Mientras España y gran parte de Europa occidental soportan una de las olas de calor más intensas de las que se tiene registro —con más de 100 millones de personas expuestas a temperaturas superiores a los 35 grados y récords históricos cayendo en países como Reino Unido y Francia, los conductores de vehículos pesados se enfrentan a un enemigo silencioso pero devastador: el asfalto.

No es el calor del aire lo que más amenaza a un neumático, sino la temperatura real del pavimento, que en jornadas de sol abrasador puede superar los 60 e incluso los 80 grados centígrados.

Este calor extremo, advierten los especialistas, convierte a las cubiertas en el punto débil más crítico y, a menudo, el más descuidado de un camión.

El calor no es un simple incordio para la goma; es un agente que acelera su envejecimiento y multiplica los riesgos de avería grave. Desde la Asociación Española de Entidades Colaboradoras de la Administración en la Inspección Técnica de Vehículos (AECA-ITV) lanzan una advertencia clara: las altas temperaturas del asfalto aumentan la presión interior del neumático y aceleran el deterioro del compuesto de caucho, lo que incrementa exponencialmente el peligro de grietas, deformaciones e incluso reventones en plena circulación.

 “El calor extremo es uno de los principales enemigos de los neumáticos”, subrayan desde la entidad, recordando que es habitual encontrar en las inspecciones estivales cubiertas con presión incorrecta o desgaste irregular que podrían haberse evitado con una simple comprobación previa al viaje. Y es que, en estas condiciones, un neumático con algún defecto previo se convierte en una bomba de relojería.

Frente a este escenario, los expertos de Continental, uno de los fabricantes de referencia, insisten en que la clave está en la prevención y en la elección del neumático adecuado. Para ellos, la revisión de la presión es el gesto más importante y, paradójicamente, el que más se descuida.

La norma de oro es clara: la presión debe comprobarse siempre en frío, incluso en los días de más calor, y ajustarse estrictamente a las indicaciones del fabricante, que suelen variar en función de la carga del vehículo-.

Una presión demasiado baja provoca un sobrecalentamiento y un desgaste prematuro, mientras que una excesiva hace que la goma se vuelva más rígida y vulnerable a los impactos del asfalto caliente-. Además, recomiendan optar por neumáticos específicos de verano, diseñados para ofrecer una mayor adherencia y estabilidad sobre pavimento abrasador, ya que “la superficie de la carretera puede superar los 80 grados en los días más calurosos”.

Pero el cuidado de los neumáticos va más allá del manómetro. En estos días de calor extremo, los especialistas en transporte aconsejan a los conductores extremar la inspección visual de las cubiertas antes de cada ruta, prestando especial atención a la profundidad del dibujo —que no debe ser inferior a los 5 milímetros en camiones— y a la aparición de cualquier corte, bulto o deformación en los flancos-.

 Asimismo, es fundamental planificar los trayectos evitando las horas centrales del día, cuando el sol castiga con más fiereza el asfalto, y programar paradas más frecuentes para permitir que los neumáticos se enfríen. “Comprobar la presión de los neumáticos antes de iniciar cada ruta puede suponer la diferencia entre una avería o una entrega sin imprevistos”, subrayan desde la firma Conde Fernández Hermanos, que recuerda que un fallo en carretera no solo pone en riesgo la carga, sino también la seguridad del propio transportista.

El impacto de esta crisis térmica no se limita a la mecánica del vehículo; la salud del conductor también está en el punto de mira. Las cabinas de los camiones, con 35 grados en el exterior, pueden alcanzar los 50 grados en apenas media hora y llegar a los 60 si la parada se prolonga. Este infierno de calor afecta directamente a la capacidad de reacción del profesional. El club neerlandés ANWB advierte que manejar con la cabina a 35 grados puede afectar a las reacciones del organismo de forma comparable a conducir con una tasa de alcohol en sangre de 0,5 por mil. No es solo una cuestión de confort, es un problema de seguridad vial que se suma al estrés mecánico al que se someten los neumáticos y el resto de componentes del vehículo.

Ante esta tormenta perfecta, los transportistas no pueden permitirse la improvisación. La ola de calor es ya una realidad estructural del verano europeo, y los profesionales del transporte deben incorporar el cuidado de los neumáticos como una rutina innegociable de su día a día.

Como resume Nick Long, director comercial para Reino Unido de SNAP, “el transporte de mercancías no se detiene cuando suben las temperaturas, pero el calor extremo puede ejercer una presión significativa sobre los conductores, los vehículos y la cadena de suministro en general”.

La única respuesta posible, coinciden todos los especialistas, es un enfoque proactivo: revisión constante de la presión en frío, inspección visual minuciosa, elección de neumáticos de verano y una conducción consciente de los límites que impone el asfalto ardiente. La carga, la seguridad y la propia vida del conductor dependen de ello.

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