Invierno en la carretera: el reto del frenado en los vehículos pesados ante la adversidad climática

by Marisela Presa

La llegada del invierno y las sucesivas borrascas que azotan la península ibérica transforman radicalmente el panorama de las carreteras españolas. Para los transportistas, enfrentarse a un territorio tan accidentado como el nuestro —con sus extensas llanuras, puertos de montaña y pronunciados desniveles— supone un desafío añadido que pone a prueba tanto la pericia del conductor como el estado mecánico del vehículo. En este contexto, el sistema de frenos se convierte en el principal aliado para la supervivencia en carretera, y su correcto mantenimiento no admite demoras ni medias tintas.

La prevención comienza mucho antes de que caigan los primeros copos de nieve o las primeras gotas de lluvia. En los vehículos pesados dotados de sistemas neumáticos, resulta vital verificar la presión de aire y purgar los tanques para eliminar cualquier acumulación de humedad que, con las temperaturas bajo cero, podría congelarse y bloquear por completo el sistema. Asimismo, la revisión del ajuste de zapatas y pastillas, prestando especial atención a los reguladores automáticos, garantiza que la respuesta del freno sea la adecuada sin holguras peligrosas ni rozamientos excesivos que puedan provocar un sobrecalentamiento en los largos descensos de puertos como el de Pajares o la Leitariegos.

Cuando el asfalto se cubre de agua, hielo o nieve, las técnicas de conducción deben adaptarse de forma radical. Aumentar la distancia de seguridad hasta superar los diez segundos respecto al vehículo precedente no es una recomendación, sino una necesidad imperiosa en un país con carreteras tan diversas como las que conectan la Meseta con las cordilleras periféricas. Frenar de manera gradual y suave, evitando cualquier brusquedad, permite mantener el control del vehículo y evita que las ruedas se bloqueen, transformando lo que podría ser un simple susto en una tragedia evitable.

Uno de los errores más comunes entre los conductores de vehículos pesados en invierno es el abuso del freno motor en superficies deslizantes. Aunque esta herramienta resulta útil en condiciones normales, su utilización excesiva sobre placas de hielo puede provocar la pérdida de tracción en las ruedas motrices y desencadenar un peligroso derrape. En estas circunstancias, y especialmente en los tramos montañosos de la geografía española, resulta más seguro emplear el freno de servicio con suavidad, dosificando la presión y anticipándose a cada curva.

Los profesionales del volante deben permanecer atentos a las señales que advierten de un mal funcionamiento del sistema. La pérdida de potencia de frenado —conocida como fading—, los ruidos extraños al accionar el pedal o las vibraciones en el volante son indicadores inequívocos de que algo no marcha correctamente. Del mismo modo, si el vehículo tiende a desviarse hacia un lado al frenar, nos encontramos ante un desequilibrio que exige una intervención mecánica inmediata, pues en carreteras mojadas o heladas cualquier descompensación puede resultar fatal.

En definitiva, la seguridad invernal en el transporte pesado no es fruto de la casualidad, sino de la combinación de una mecánica impecable y una conducción prudente y adaptada a las circunstancias. Ante la orografía tan exigente que presenta la península —con sus contrastes entre llanuras interminables y puertos de montaña traicioneros—, la única receta válida es la prevención: revisar, anticiparse y actuar con la suavidad que exige un firme traicionero. El invierno no perdona, y en carretera, la vida no entiende de prisas.

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