El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha fijado un hito histórico para la conectividad española: en 2027 estará operativa la conexión en ancho estándar (alta velocidad) entre Barcelona y Valencia.
Este eslabón final completará el eje ferroviario de alta capacidad del arco mediterráneo, una columna vertebral que no solo transformará los viajes de pasajeros, sino que reforzará decisivamente la red de transporte de mercancías entre los principales puertos y centros productivos del levante español.
Este horizonte cercano es el resultado de un impulso sin precedentes. Desde 2018, el Ministerio ha duplicado el ritmo de ejecución en este corredor, con una inversión total que supera los 8.300 millones de euros. De esta cifra, más de 6.480 millones ya están adjudicados y cerca de 5.400 millones ejecutados.
Los datos presentados por Puente son elocuentes: en septiembre de 2025, el 36% de las líneas del Corredor Mediterráneo estaban en servicio y un abrumador 83% del trazado total se encontraba ya en fase de obras activas, con avances en todas las comunidades autónomas implicadas.
La transformación es particularmente profunda en el sur.
Andalucía vive una de las mayores renovaciones con la modernización integral de la línea Algeciras-Bobadilla, clave para integrar el puerto español con mayor tráfico de mercancías en la red transeuropea, y la construcción de la nueva línea de alta velocidad Murcia-Almería, donde ya se avanza en el montaje de vía.
Paralelamente, se proyecta la reforma del eje Antequera-Granada-Almería. En la Comunidad Valenciana, la alta velocidad comprimirá los tiempos de viaje entre Castellón, Valencia y Alicante a menos de una hora, mejorando radicalmente la cohesión territorial y la logística.
Cataluña, por su parte, avanza con proyectos emblemáticos. La futura estación intermodal de La Sagrera en Barcelona, con una inversión de 1.000 millones de euros, se erigirá como la gran puerta norte del corredor. Junto a ella, se desarrollan infraestructuras logísticas críticas como la terminal de La Llagosta, el acceso ferroviario a SEAT-Martorell y la conexión con el puerto de Tarragona, tejiendo una red multimodal que potencia la competitividad económica.
El avance sostenido del Corredor Mediterráneo no solo responde a una demanda histórica de territorios productivos, sino que consolida a España como un referente europeo en la construcción de la red básica TEN-T de la Unión Europea.
Este esfuerzo inversor garantiza el cumplimiento de los objetivos de interconexión fijados por Bruselas para 2030, posicionando a la península como un nodo logístico clave en el sur del continente y sentando las bases para un modelo de transporte más rápido, sostenible y eficiente.
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