La UE flexibiliza sus normas para acelerar la electrificación del transporte pesado, pero ¿a qué costo?

by Marisela Presa

En un movimiento audaz para descarbonizar el sector logístico, la Unión Europea ha decidido hacer una excepción significativa a sus propias reglas. El Consejo Europeo ha dado luz verde a una modificación de la directiva de pesos y dimensiones que permitirá a los camiones eléctricos circular entre países con más masa y longitud de la normalmente autorizada. Esta medida, rezagada desde 2023, busca eliminar una barrera clave: el peso extra de las baterías, que reduce la capacidad de carga útil y desincentiva la adopción de estas costosas unidades.

La propuesta concreta establece un margen adicional de entre dos y cuatro toneladas en la masa máxima autorizada, dependiendo del número de ejes, y hasta 0,9 metros extra de longitud. El objetivo es compensar la tecnología de cero emisiones sin penalizar económicamente al transportista. Además, se liberaliza específicamente el transporte transfronterizo para estos vehículos, siempre que se respeten los límites de cada estado miembro, en un intento por armonizar y facilitar las operaciones internacionales ecológicas.

Sin embargo, la estrategia no está exenta de críticas y contradicciones. Por un lado, la Comisión Europea promueve esta flexibilización como un «impulso necesario» para la transición verde. Por otro, sectores de la industria y expertos en seguridad vial alertan de que se está normalizando circular con sobrepeso, lo que podría incrementar el riesgo en carretera y el desgaste acelerado de la infraestructura, a pesar de los cálculos graduados para minimizarlo. La pregunta subyacente es si se está priorizando la agenda climática sobre otros principios de seguridad y equidad regulatoria.

Esta iniciativa choca, además, con la persistente incertidumbre que rodea al camión eléctrico. Los grandes desafíos no resueltos —la autonomía limitada, la escasez de puntos de carga de megavatios y el precio de compra muy superior al de los diésel— siguen siendo talones de Aquiles. La medida parece un parche incentivo que no aborda estos problemas estructurales de fondo, generando dudas sobre su efectividad real para transformar el parque móvil.

En conclusión, la Unión Europea juega una carta de flexibilidad normativa para tratar de desbloquear la transición ecológica en el transporte pesado. Aunque la intención de apoyar al sector en un cambio tecnológico complejo es clara, la estrategia puede percibirse como una concesión que sortea el problema de la competitividad inicial a costa de relajar estándares. El verdadero éxito dependerá de que este empujón regulatorio venga acompañado de inversiones masivas en infraestructura de recarga y ayudas directas, evitando que la descarbonización se logre a expensas de la seguridad o la justicia competitiva en las carreteras europeas.

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