El sector del transporte de mercancías peligrosas en España se enfrenta a su transformación más profunda en años.
A partir de enero de 2026, la entrada en vigor de nuevas normas técnicas y operativas, alineadas con la normativa europea, obligará a un reajuste integral.
Este cambio no es una mera actualización, sino un giro que afectará a la clasificación de productos, los requisitos de los vehículos, la digitalización y la intensificación de los controles, configurando un nuevo escenario donde la preparación anticipada será clave para la continuidad operativa.
Uno de los ejes centrales es la actualización del Acuerdo ADR, que introduce modificaciones trascendentales en la operativa diaria.
La reclasificación de ciertos productos, con nuevos códigos ONU, exigirá una revisión meticulosa de toda la documentación antes de cada viaje. Además, se intensifica el foco en mercancías de alto crecimiento y riesgo, como las baterías de litio y los vehículos eléctricos transportados.
La exigencia sobre la señalización (paneles naranja, etiquetas) y el equipamiento de seguridad a bordo (kits ADR) será inflexible, convirtiendo cada detalle en un posible punto de inspección.
La digitalización marcará un punto de no retorno. A partir del 5 de octubre de 2026, el documento de control y la carta de porte (CMR) deberán gestionarse en formato electrónico, acabando con la era del papel.
Este salto, aunque promete mayor trazabilidad y agilidad en las inspecciones, supone un desafío tecnológico para las empresas, que deberán integrar estos formatos en sus sistemas de gestión (TMS/ERP). La agilidad digital no elimina la responsabilidad: un error en un dato tendrá las mismas o mayores consecuencias que un papel mal rellenado.
A estas exigencias se suman innovaciones tecnológicas y cambios estructurales. En julio, los vehículos ligeros (2.5-3.5t) en operaciones internacionales o de cabotaje deberán incorporar el nuevo tacógrafo inteligente G2V2, que permite inspecciones a distancia y mejora la trazabilidad.
Paralelamente, se aplicará progresivamente la normativa que permite circular con hasta 44 toneladas en ciertas configuraciones, lo que obligará a revisiones técnicas exhaustivas de frenos, ejes y neumáticos, redefiniendo la planificación de cargas.
En este nuevo contexto, las inspecciones en carretera serán más rigurosas y detallistas. Los agentes verificarán con precisión milimétrica la correspondencia entre etiquetas, documentación digital y carga.
Un panel sucio o una etiqueta mal colocada, detalles antes quizá pasados por alto, podrán acarrear sanciones o inmovilizaciones inmediatas.
El mensaje es claro: el margen para el descuido se ha agotado. Ante un calendario inapelable, la adaptación temprana de flotas, procesos y formación no es una opción, sino la única vía para operar con garantías en un mercado donde cada error pesará más que nunca.
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